Imagina que naciste en una ciudad portuaria repleta de barcos pesqueros.Luego te vas a vivir muy lejos y no vuelves por cuarenta años. Al fin, es el día. Vuelves a la tierra donde creciste. Lo primero que se te ocurre es dar un paseo por la costa hasta la rambla. Pero… ¿Dónde está el mar? Sólo ves barcos descoloridos tomando sol en un desierto infinito. Quizás te parezca una película futurista, pero no, es realidad pura. Esto perfectamente le pudo pasar a un habitante de cualquiera de las antiguas ciudades pesqueras del mar de Aral.
En Asia, entre Uzbekistán y Kazakstán, en una región de clima muy seco, se encuentra el mar de Aral, el cual hasta 1960 era el cuarto lago con mayor extensión del mundo, alimentado por los ríos Amu Daria y Syr Daria.
A comienzos del siglo XX, la Unión Soviética decidió desviar parte del agua de estos dos grandes ríos de Asia Central, para poder desarrollar cultivos de regadío en el desierto y comenzar a producir arroz, melones, cereales y, especialmente, algodón.
Los canales de irrigación comenzaron a construirse a gran escala en los años 1930. La calidad de la construcción de muchos de estos canales era baja, lo cual dejaba que parte del agua se filtrara o se evaporara.
Con el paso de los años fueron captando cada vez más agua de los dos afluentes del mar de Aral para dedicarla al riego hasta reducir a un hilo de agua la aportación de estos ríos al mar. Esto ha provocado que el volumen de agua haya disminuido en un 70%, y el área ocupada por el lago es ahora la mitad de la original. Casi 30 000 km2 de lo que antes era fondo del mar se han convertido en arenales desérticos y algunos de los pueblos de pescadores han quedado a 60 km de la orilla del agua.
Conforme se ha ido evaporando el agua, el mar de Aral se ha hecho más y más salado. Todas las especies de peces han desaparecido, arruinándose la industria pesquera que, en épocas anteriores, daba empleo a más de 60 000 personas.
La Unión Soviética no quiso reconocer la existencia de este importante problema ambiental hasta mediados de la década de 1980, cuando con Gorbachev en el poder comenzó una tímida apertura hacia la libertad informativa y el reconocimiento de los hechos. Desde entonces se estudian medidas para intentar reducir este desastre, hasta ahora irreparable.
Esta entrada esta genial Andrés, me hace llevar este ejemplo a mi departamento, no se da en grandes magnitudes como con el mar de Aral, pero con proyectos existentes supongo que pasaría lo mismo, se cambiaría por completo un lugar que específicamente se caracteriza por su ambiente, su naturaleza.
ResponderEliminarSeria triste volver y no encontrar tu lugar ... arriba esta buenísimo el blog!
Buenísima Florencia la reflexión.. Sin duda que es así.. Aunque el estudio de caso del Mar de Aral es un poco dramático y hasta exagerado, esto se puede ver en menor escala todo el tiempo, el hombre abusa de su poder para trasformar la naturaleza, y este abuso conlleva consecuencias..
Eliminar